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Viajar con niños: ¿Es tan bueno como lo pintan?

Me muero de la envidia cuando me pongo a mirar blogs sobre viajes, sobre todo cuando tratan de viajes de familias con niños. Familias que hacen viajes maravillosos (por lo menos aparentemente) y que los describen con una pasión abrumadora, detallando siempre lo bien que salen. Pero a veces, y tras comprobar mis pequeñas experiencias viajeras me pregunto ¿De verdad les sale todo tan bien y los niños están siempre tan felices?

A mi me encanta viajar, y cuando nació mi hija, pretendía hacerlo con ella de igual manera o más, ya que tengo especial interés, de corazón, en acompañarle a lo largo y ancho de esta vida y de este mundo para mostrárselo de la mejor forma posible.

Sin embargo, durante estos tres años, me he dado cuenta de algo que he ido analizando con el tiempo y tras mucho valorar, y comparar, y pensar, llego a la conclusión de que a mi hija no le sienta bien viajar.

Como muchos sabéis, yo vivo en Madrid pero soy de Zaragoza, y por tanto mi familia vive allí. Toda mi familia. Así que procuramos ir una vez al mes a verles. Cuando era bebé yo creo que todo era más sencillo pero al ir haciéndose un poquitín mas mayor me he dado cuenta que sacarla de su ambiente la descoloca de  tal forma que necesita varios días para asimilarlo, para centrarse, adaptarse y disfrutar.

Noto que con los viajes los primeros días está muy muy nerviosa, deja de comer bien, está mucho más irascible e incluso ha habido episodios de rabietas bastante fuertes cuando en realidad ha sido siempre una niña bastante tranquila. Si pasamos en Zaragoza una semana o así le da tiempo a calmarse, pero si son menos días, es una odisea, porque cuando empieza a calmarse, nos toca volver, y cuando llegamos a casa, vuelta a la locura nuevamente hasta que se estabiliza.

En principio, es algo a lo que no le daba demasiada importancia, la verdad que son viajes que poco más o menos tenemos que hacer sino, no podríamos ver a mi familia y Mia no podría disfrutar de todos sus tíos, primos, amiguitos y por supuesto además de su bisabuela que no va a ser la que haga los viajes.

He de reconocer que me vi obligada a reducir un poco la asiduidad para que ella tampoco lo pasase mal.

El año pasado decidimos partir las vacaciones e ir la mitad del tiempo a Zaragoza y la otra mitad a Alicante (donde pasan mis suegros el verano) y la verdad que la cosa funcionó muy bien porque estuvimos bastante tiempo allí, por lo que pudo adaptarse bien, pero este año, cambiamos de rutina, y ha sido el infierno personificado, nos hemos ido a otro sitio de vacaciones y ha sido el gran error del año, hasta tal punto que casi cojo las maletas y nos volvemos a casa.

Diré que mi marido me avisó; “vamos otra vez a hacerlo como el año pasado que la niña así está más tranquila”. Ilusa de mi pensé que ya con casi tres años podíamos viajar e imitar un poquito esos blogs viajeros tan molonguis. Elegí llevarle a ver Cabárceno porque le apasionan los animales, y pasar una semana por el norte, disfrutando de los paisajes, la naturaleza y las playas bonitas. Pero…. imposible.

El comportamiento de la niña fue terrible, como nunca antes lo había hecho. Había días que ni quería salir del Hotel. No obedecía, lloraba todo el rato, y estaba muy muy nerviosa. Yo estaba más que frustrada por no poder hacerla disfrutar hasta que un día estallé, me faltó muy poco para coger las maletas y salir todos corriendo de vuelta a Madrid, pero por suerte, apareció papá que es la cordura personificada de esta familia y me disuadió, (porque a mi cuando me salta la chispa de la impulsividad, arraso) Ya que estábamos allí íbamos a acabar nuestras vacaciones si bien, quedó bien claro que el próximo verano la niña volverá a sus rutinas veraniegas; Zaragoza y Alicante. Fin.

Cometí el error tremendo de querer probar una nueva forma de vacaciones sin pensar detenidamente en como es mi hija y cómo le afectan los cambios. No merece la pena, por ahora, hacerle pasar esos malos ratos por mi capricho de viajar. Y ella, tiene toda la vida.

Hemos pasado mucho tiempo este verano también en Zaragoza y Alicante antes de ir a “nuestras vacaciones”, pero quería innovar, y oye, ha salido fatal.  

Aunque en realidad luego yo paro a pensar, y ¿qué necesidad hay todavía de explorar el mundo si hay cientos de cosas que disfrutar incluso, dentro de tu hogar? A veces nos empeñamos en mirar más allá, en ansiar cosas, en más viajes, más experiencias, más, más y más y sin embargo quizás deberíamos pensar que no todo está lejos. Quizá lo realmente importante lo tenemos tan cerca, que no nos damos cuenta.

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Por ejemplo disfrutar jugando con tu bisabuela tiene que ser infinitamente mejor que cualquier otro plan, eso seguro. Cuando estuvimos en Zaragoza, nos alojamos en casa de mi abuela, (bisabuela de Mia) que tiene un jardín estupendo (llamado corral, en mi tierra). Colocamos una piscina hinchable gigante y una cama elástica que le regalaron los tíos, y no hizo falta NADA MÁS. ¿Porqué me empeñaría yo en ir de Willi Fog por la vida? Disfrutemos mientras podamos, de las cosas más cercanas, de nuestra gente, nuestra familia y nuestro hogar. Ya tendremos tiempo de viajar.

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Tranquila pequeña, tenemos toda la vida para conocer el mundo. Cuando estés lista, te acompañaré.

 

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2 COMMENTS

  • Pues creo que has estado muy acertada en tu valoración. A mi me encanta viajar y mi marido y yo estábamos acostumbrados a preparar la maleta e irnos a cualquier sitio, pero desde que nacieron los niños, la forma de viajar ha cambiado. No digo que no se pueda hacer, pero hay niños que es más fácil que otros. Cuando leo blogs de viajes en familia, tengo la misma sensación que tú. ¿Cómo puede salirles todo tan bien? Mis hijos se ponen pesadísismos en el coche, las comidas fuera de casa nunca sabes por dónde van a salir y les cuesta romper las rutinas… Creo que aún son pequeños, pero espero que a medida que crezcan podamos disfrutar más de los viajes.
    Y estoy de acuerdo que hay mucho que explorar en todas partes, no sólo lejos. Hay una gran fiebre viajera, como si la gente necesitara acumular viajes como quien colecciona cromos, o por lo menos así lo veo en mi entorno. Gente que en su ciudad no pisa un museo ni conoce la sierra más cercana, pero que tiene una necesidad loca de cruzarse el mundo para hacerse selfies frente a monumentos y paisajes lejanos. Uf, me ha quedado un poco cínico el comentario, pero es que a menudo en esto de los viajes veo mucho postureo (no en todo el mundo, claro, hay otros que tienen un interés genuino en viajar).

    • hanacidounamama
      AUTHOR

      Eso creo yo, que no puede ser tan bonito como lo pintan, o no por lo menos con niños tan pequeños.Obviamente en blogs sobre viajes no nos van a contar las cosas malas pero a veces, ese es el peligro de los blogs. De pensar que todo es perfecto. También es verdad que todos los niños no son iguales y quizás unos se adapten realmente bien a los cambios, por eso quería visibilizar un poco el “no todo vale”. Prefiero esperar a viajar cuando sea más mayor y le sea más fácil cambiar las rutinas. Gracias por tu comentario,me alegra saber que no soy la única! jejeje. Un fuerte abrazo!

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