MATERNIDAD YO DENUNCIO

Mi parto, mi trauma. Como un parto no respetado, te cambia la vida…

Un dia cualquiera, me tocaba cita con la ginecóloga, allá por la semana 37 de embarazo. Yo ya no podía apenas moverme, andaba con dificultad y el malestar era constante. Durante meses dije por activa y por pasiva que algo no iba bien, que yo no me encontraba cómoda, que el hinchazón de todo mi cuerpo era preocupante… pero nadie me hizo caso. Nadie me escuchó. Hasta ese día.

Hasta ese día que tuvieron que correr. Que tuvieron que activar las alarmas por una preeclampsia con una tensión por las nubes. Hasta ese día que decidieron arrancar a mi hija de mis entrañas sin avisar.

El miedo comenzó a apoderarse de mi cuerpo. Mi ginecóloga no quiso «planear» nada relacionado con el parto hasta las últimas semanas que hablaríamos sobre ello. Ya no dio tiempo. Era mi primer parto y no sabía ni qué iba a pasar, ni como. Solo sabía que nacería mi hija, que la sacarían a la fuerza y eso me aterraba.

Todo el mundo se preocupa del estado físico de las embarazadas y nunca del psicológico.  No estaba preparada para traer a mi hija al mundo porque yo quería traerla en paz. Quería traerla al mundo sin prisa. Quería traerla al mundo preparada para recibirla.Quería traerla sin miedo. Me gusta saber a qué me enfrento en todos los aspectos de mi vida para poder afrontarlos siempre de la mejor manera posible y en este caso, en uno de los momentos más cruciales e importantes en la vida de una mujer, eso no iba a pasar. No sabía si podría tener un parto natural o iba a terminar en una cesárea, no sabía si mi tensión iba a jugar una mala pasada a la vida de mi hija o a la mía. No sabía nada.

Nadie me explicó nada. Nadie me preguntó nada. Me pusieron oxitocina para intentar provocar un parto natural, pero ni 8 horas fueron suficientes para dilatar más de un centímetro.  Estoy convencida de que la negación de mi cuerpo y mi mente al parto era tan grande, tan abrumadora, que impedía que esto pasase de forma «mas o menos natural». Mi hija no iba a nacer si no la sacaban. Ella tampoco quería. Ella no había pedido salir. No era el momento. Ni era su momento ni era el mío. Teníamos derecho a estar juntas un poco más. Teníamos derecho a estar solas, unidas, siendo una, un poco de tiempo más. Tenia derecho a preparar su bienvenida como yo quisiese. Tenía derecho a sentirla en mis entrañas durante mucho más tiempo. Si alguien me hubiera escuchado. Si a alguien le hubiesen interesado mis sentimientos, todo hubiese sido distinto.

Comprendí que era una urgencia y que nuestro vínculo único, ese vínculo que sólo una madre entiende, iba a ser desgarrado sin previo aviso. Pero entendí que era por el bien de nuestra salud e hice de tripas corazón para afrontarlo.

Tras ponerme la epidural entré en quirófano, sola, sin conocer a nadie más que a mi ginecóloga donde la empatía, la amabilidad, la sensibilidad, el apoyo y el cariño a una asustada parturienta brillaban por su ausencia. Me tumbaron en la camilla y el miedo volvió a apoderarse de mi cuerpo y de mi mente. Iba a traer a mi hija al mundo en una sala fría, sin su papá, y con su mamá hasta con el alma anestesiada.

La epidural no fue bien. Sentía las piernas perfectamente, y sentía como manipulaban mi cuerpo, sin embargo era yo la que me sentía aturdida. Empecé a dejar de respirar bien y al pedir ayuda escuché un: «anda venga relájate, hay que ver estas primerizas como sois». El oxigeno tardó en llegar cuando ya supliqué por él y pude volver a relajarme. Hasta que el bisturí se hincó en mi abdomen. Hasta que noté que abrían mi cuerpo en dos para arrebatarme mi tesoro más preciado. Grité de dolor, pero siguieron tratándome de «primeriza histérica». No me creyeron. No llegaban a comprender que sentía dolor y miedo porque una cuchilla estaba hundiéndose en mi piel,  y unas manos estaban manipulando mis entrañas. No he estado cerca de morir nunca, pero debe ser algo parecido. Sentir que unas manos extrañas entran en tu cuerpo, sin poder remediarlo, y sentir como apartan todos aquellos «obstáculos» que le impiden llegar a mi bebé. El pánico es tal, que la situación comienza a convertirse en difusa, en caótica, en incomprensible para mi mente. Comienzo a entrar en un estado de «shock» en el que no soy capaz de nada. No soy capaz de sentir. Solo quiero acabar. Quiero cerrar los ojos y quiero que esto acabe para siempre. No puedo soportarlo más. El dolor físico es indescriptible pero el psicológico es sobrehumano. Nadie te escucha, nadie te coge de la mano, nadie te dice una palabra de apoyo, de sosiego, de calma, un «todo va a salir bien». Solo un… «voy a sacarla», seguido de un tirón, de un movimiento que arrancó a mi hija de lo más profundo de mi con toda la fuerza que hace falta para arrancar a un bebé de un lugar del que tampoco quería salir. No había pedido salir y se agarró a mi con tanta fuerza, que el «tirón» para sacarla fue brutal. Tuve la sensación de que con ella se salía mi corazón y mi alma. Me lo arrancaron todo.

No se que paso después, no lo recuerdo. Todo el quirófano me daba vueltas, entro en una especie de trance del que no soy capaz de salir. Solo veo como asoman una pequeña cara, envuelta sobre cientos de capas, sobre mi cara. No puedo tocarla porque tengo los brazos llenos de goteros y de cables. Y no tengo la lucidez suficiente para moverme ni para reaccionar. La matrona tiene que decirme «dale un beso» porque ni siquiera soy capaz de moverme. Hubiera querido morir.

La llevaron con su padre y no la vi más hasta 3 horas después. Mi cuerpo estaba cercenado y mi corazón estaba muerto. Tuve esa sensación que deben sentir las personas que no quieren luchar más. No sentía fuerzas para seguir si no era por la irremediable necesidad biológica de reunirme con mi hija. Mi hija, separada de mi al nacer desde el minuto uno. Mi hija separada del calor y el amor de la única persona a la que tantos meses ha estado unida, de la única persona con la que tiene un vínculo biológico que nunca debería rasgarse de tal manera. No recibió el calor de su madre al nacer, porque ese momento nos lo arrebataron.

Escucho el llanto de mi hija a lo lejos, que me necesita, y cuando llegé a la habitación, dije HOLA, y todo el sufrimiento de mi pequeña terminó. El llanto se silenció. Supo que había vuelto para amarla el resto de mi vida de tal manera que no se puede explicar. Sabe que he vuelto para compensarle durante el resto de mi vida lo que nos hicieron en el día que se suponía el más especial de nuestras vidas, nuestro encuentro en este mundo. Sabe que nunca nadie volverá a hacernos el daño que nos hicieron en ese Hospital. Nunca nadie nos va a volver a arrancar ese vínculo que existe ahora casi con más fuerza, a pesar de haber intentado arrasar con él en ese quirófano.

Porque a nadie le importó nada. Hacerme parir cual ganado. Nadie pensó que tengo alma, que tengo corazón, y el bebé que vino al mundo también. Que no hay nada que sustituya el amor y la voz de una madre justo cuando un bebé viene al mundo. Me consuela saber que estuvo con su padre, pero, siento que, destrozaron lo más bonito que iba a experimentar en la vida; traer a mi hija a este mundo.

La puse en mi pecho, y entonces volvió a ser mía para siempre.  Quizás por eso, el nombre de MIA, es el más bonito que pudimos elegir.

Ni aunque la cicatriz de mi piel recorriese todo mi cuerpo sería tan grande como la de mi alma pero por fin la tenía en mis brazos. Por fin sentí el amor más inmenso que se puede sentir por nadie en toda la faz de la tierra.

A vosotros, «no profesionales» de la salud que me atendisteis en el parto… No os lo perdonaré jamás. Seguiré acarreando las secuelas de este día, el resto de mi vida. Pero lucharé con toda mi alma, para que mi hija NO.

No somos ganado, somos personas, somos seres humanos. Respétanos.

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9 COMMENTS

  • Terrible! Un besote amiga

  • Silvia

    Sin palabras me has dejado , un besazo muy gordo guapa

  • Mony

    Luz, no soy capaz de articular palabra, me he quedado helada sintiendo lo que ese día sufriste, así que sólo puedo mandarte un abrazo, de esos que aprietan y duelen pero que reconfortan. Yo también sufrí un parto no respetado, me sentí primeriza y que era yo la que no sabía… Después de leer tanto dolor en partos, se que no somos nosotras, ni primerizas ni leches, algo se está haciendo muy mal en los paritorios…. Besazo!

  • Bebé a Mordor

    Ay, Luz… lo siento tanto, preciosa… No debería haber sido así. Había otra forma. Se podría haber hecho bien.
    Estoy llorando de dolor y de rabia por ti.
    Un abrazo, amiga.

  • BLW La Aventura

    Uffff como me llegado tu relato, me entristece y avergüenza tanto por que hayas topado con compañeros de profesión tan inhumanos. Que tu relato sirva para dos cosas, una para llegar a esos «pseudoprofesionales» que entiendan que la medicina no es solo sanar cuerpos, son vidas las que se ponen en nuestras manos, pero vidas que van más allá de un corazón latiendo, son vidas con familia, sueños, miedos, etc. La segunda que toda madre que se sienta agredida y violentada durante su atención médica lo diga, lo denuncie, no permitan nunca que las insulten con la tontería de «estas embarazadas histéricas o primerizas miedosas» o cualquiera de esas estupida a frases que me dan una rabia irracional. Denunciar y eso acabará por provocar el cambio que se necesita en los servicios sanitarios y todo su personal. Que el tiempo espero cure tus heridas y que en cada beso de tu pequeña encuentres consuelo y fuerza.

  • Qué bonito Luz, te entiendo perfectamente. Yo de momento no soy capaz de escribirlo, pero es brutal.

    Muchos besos

    • Pongo lo de «bonito» en el sentido de que, qué bonito que hayas conseguido sacarlo de tus adentros, esos sentimientos tan profundos…no vaya a ser que no se entienda….muacs

  • TheSpanishFamily

    Vaya, siento mucho como se desarrolló tu parto. La verdad que hay personas que no tienen la más mínima sensibilidad. Entiendo que vieran motivos médicos para hacerte una cesárea de urgencia pero…por favor, un poco de tacto, que están tratando con personas. Y quejarte de que no te ha hecho efecto la epidural y que aun asi te rajen y te recriminen que te quejas, eso no tiene nombre. Supongo que lo habrás hecho pero pon una reclamación al hospital. Y ahora a intentar olvidar todo y a disfrutar de tu hija que es lo más importante 🙂

  • Keka Mamá K

    Tremendo Luz, terrible cómo os trataron. No necesitas compensarle nada a Mía porque tiene la mejor madre que podría tener, que la quiere sobre todas las cosas.
    Un besazo

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