YO DENUNCIO

La desidia vestida con bata blanca. Doctores que no curan;solo medican.

Como algunos ya sabéis hace varios meses que me encuentro inmersa en un peregrinaje de médicos de todas las especialidades existentes con el fin de determinar qué me ha ocurrido durante los últimos meses del año pasado. En este post, os contaba que me tomaba un descanso porque mi cuerpo había dicho “basta”, y os dejaba unas líneas hablando sobre que algo me ocurría y no sabíamos qué era. Lo que comenzó como un dolor de cuello acabó extendiéndose a todo el cuerpo y me dejó paralizada, sin fuerzas, con un agotamiento extremo y con dolores generalizados que no se calmaban con nada.

No vengo a hablar de mi problema de salud en realidad, sino de lo que me estoy encontrando por el camino. Me estoy encontrando en cada médico al que visito la desidia personificada. He visitado urgencias en varias ocasiones y cada médico que me ha atendido tenía menos ganas de trabajar que el anterior. Se han limitado a darme medicación, pinchada, y vía oral, ¡hasta valium!. No se si soy yo, pero escuchar la palabra valium me da escalofríos y parece ser que ahora lo recetan como si fuese aspirina.

Una doctora de urgencias sugirió que fuese a reumatología y eso he hecho. Me he encontrado también con otra doctora que apenas me mira a la cara cuando hablo. Me encuentro en una situación muy complicada, ante un dolor injustificado que no aparece en las pruebas, que me incapacita para hacer mi vida normal, con 31 años, y a pesar de ello, esta señora carece de empatía. No es capaz de informar sobre qué enfermedades existen a las que me puedo enfrentar, qué podría ser y ni siquiera me da un “remedio” mientras me hacen cientos de pruebas. Ella me deriva a un neurocirujano por una hernia discal y asegura que mi dolor no es reumático sino de columna, cosa que desmiente el propio neurocirujano. Voy al endocrino por un análisis con las hormonas alteradas y a espera de estudio por hipotiroidismo, me asegura que tampoco es la razón causante de mis dolores. Y vuelta a empezar.

Mi doctora de cabecera, sugiere una fibromialgia, pero al no ser la especialista obviamente es solo una apreciación suya que me comenta sin más (creo que es la única buena doctora que me he cruzado en este tiempo). Ante mi desesperación, una amiga que tiene fibromialgia me asegura que ella mejoró transformando su alimentación de forma radical, retirando gluten y azúcares añadidos, entre otras cosas. Decidí probar ya que los dolores tras varios meses no cesaban, y como por parte de magia, en unos días, mejoraron.

El año pasado me hicieron pruebas de celiaquía por diversos problemas digestivos que tenía que salieron negativas, sin embargo, por alguna razón me aumenta los dolores.

No se porqué razón ningún medico insinuó esto. Ningún medico se interesó ni nombró en ningún momento una posible alergia alimenticia, hasta que yo no lo sugerí. Parece ser que si no entra dentro de su especialidad, ni se molestan en buscar el origen. Estoy viendo y comprobando en mi propia experiencia que los médicos se ciñen a lo estrictamente científico. Si no tienes nada en las pruebas (de su especialidad), no tienes nada. FIN. No piensan, no investigan de donde puede venir el origen de tus dolores, no les interesa para nada tu salud ni de donde vienen tus dolencias. Les interesa dar con un resultado positivo en una prueba y medicarte. Y nada más. La doctora me receta Lyrica, que es un medicamento anti epiléptico y se queda más ancha que larga. Me recetan también Tramadol para el dolor y me basta tomar dos pastillas para sentir que me estoy drogando cual yonki… cosa que os aseguro, no seguirá pasando. Me niego a tomarlas más.

Pido una segunda opinión a otra reumatóloga y me dice básicamente que el endocrino no tiene ni idea, que en los resultados de reumatología no tengo nada y que el problema que tengo es de gluten y de tiroides y que eso de valorar la fibromialgia es absurdo. Dice que es una enfermedad mental y que la mayoría de personas que la sufren es porque tienen cuadros depresivos o de infelicidad. Casi me caigo de la silla en ese mismo instante. Que me tome la medicación para el dolor y me olvide de la fibromialgia, y de cualquier enfermedad reumatoide.

Cada día que visito un médico salgo más y más cabreada, ante la impotencia de ver delante de mi cara la desidia, el poco interés por sanar pacientes, y la poca empatía que desprenden ciertos profesionales. Acudes con la mayor de tus desesperaciones y solo encuentras médicos saturados, cansados, sin ganas, sin ilusión, sin ganas de encontrar el origen de una dolencia, sin ganas de escucharte y sin ganas de nada. Es una pena que la sanidad y la medicina se estén convirtiendo en esto, en descubrir un problema, medicar, problema, medicar, y así sin poder salir de esta rueda.

Nadie busca el origen de tus dolencias. Les da igual. Solo quieren saber resultados de aquello que a ellos les compete. Dan ganas de tirar la toalla y de probar cosas por ti misma. He leído numerosos estudios en internet que hablan del “neurogluten” y de la relación entre fiblomialgia y gluten con doctores especializados en la materia y os aseguro que nadie, ningún “profesional” me ha hablado de esto. En realidad dudo que ni siquiera sepan de ello ni se hayan interesado por esas posibles opciones. Ningún sanitario me ha recomendado suprimir alimentos, solo, tomar medicación, y de la dura.

No quiero generalizar, porque como todo en la vida se que no todos los sanitarios son iguales pero he visto muchos en estos meses y todos, me hacen sentir todo esto. Me hacen sentir impotencia, desilusión, rabia y sobre todo, el hecho de sentir que a un médico realmente, no le importa en absoluto lo que te pase, es lo más duro de todo, cuando únicamente es él quien puede curarte.

Me da miedo pensar que los encargados de nuestra salud, ya no tienen ganas, de encargarse de nuestra salud.

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1 COMMENT

  • distráctil

    Esa es una cara de la mediocre preparación humana de muchos sanitarios: el desinterés y la falta de preparación. Se les olvida el juramento hipocrático, al que habrá que terminar llamando juramento “hipócrita”, valga la gracieta.

    La otra cara son los médicos soberbios que, desde ese mismo desinterés real por la persona que hay en cada paciente, pontifican con sus teorías bien aprendidas y ya petrificadas, y que pretenden saber de ti más que tú misma.
    Por tanto, también te imponen su criterio de cómo hay que vivir. Esto se da mucho en la especialidad de psiquiatría, donde esa desconexión con el paciente se hace doblemente dura y estigmatizante.

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