Mis 10 razones para elegir un Colegio Montessori

El método educativo de Maria Montessori ha llegado con fuerza a nuestras sociedad recientemente y lo ha hecho para quedarse. Ultimamente, tenemos (o a mi me lo parece) “muy de moda” eso del método Montessori, lo que ha llevado a la creación de diversas escuelas que ya lo imparten en nuestro país. Pongo “de moda” entre comillas porque de moda, en si, no tiene nada ya que el Método Montessori lleva usándose más de 100 años y tiene una consolidada trayectoria así como su total y acreditada base científica.

En España se está incorporando a diferentes colegios de una forma gradual comenzándose a trabajar o a aplicar parte de su metodología, incorporando a la educación tradicional pequeños matices de este método. Sin embargo, esta pedagogía no se centra únicamente en la parte “académica” por así llamarlo sino que el papel del ser humano, de la persona, del individuo juega un papel muy importante.

Y esa fue la razón principal para llevar a nuestra hija a un colegio Montessori, la importancia que tiene para ellos el niño. Siendo el protagonista y el centro de todo, dotándole de la importancia que se merecen.

Bajo mi propia experiencia personal, la educación tradicional me resulto nefasta y anticuada, siguiendo adelante por mi propio interés, consiguiendo mis metas por mi misma, nunca alentada ni motivada por ninguno de los centros escolares a los que asistí. Yo sentía ser una mera pieza más del engranaje que tiene que marchar en la misma dirección para que todo esté dentro de “la normalidad”.  Ni que decir tiene que académicamente la motivación era cero. Y no quería esto para mi hija.

Con la apertura del Blog y gracias a la inspiración de mucha gente que habla sobre Montessori, comencé a interesarme y a cotillear sobre este tipo de metodología. Y me fascinó. No tanto por la rama en sí académica, que también, sino por la filosofía que lo rodea y lo envuelve.

En resumen, podría decir que estas son las 10 razones que me llevaron a elegir un colegio Montessori para mi hija:

  1. Respetar los tiempos de los niños: Para mi era prioritario encontrar un colegio que respetase los ritmos de mi hija. Ella cumple los años a final de curso, por lo que iba a ser  de las más pequeña y a pesar de que es una niña muy despierta e inteligente no tenía clara su adaptación, por lo que el respeto hacia sus ritmos, para mi, era primordial. Ella cambia sus zapatos al llegar al colegio y pone unas zapatillas cómodas para acceder a la “casa de niños”, y era increíble poder observar como ante la dificultad que le suponía ponérselas sola, la guía le miraba paciente desde una distancia prudencial, sin decir nada, acompañando pero sin ayudarla, hasta que en un momento dado, un niño mayor que ella se acercaba y le ofrecía su ayuda. Ver como un niño de 4 o 5 años ponía los zapatos a una de 3 (ni siquiera cumplidos), para mi, era fascinante.
  2. El espacio pensado por y para los niños; el colegio Montessori al que asiste mi hija es un colegio que presenta los espacios estrictamente siguiendo esta metodología, no son una leve inspiración sino que son estrictamente tal cual indica y refiere la metodología, con todos sus materiales propios. Es un edificio, diáfano, sólo para los niños de 3 a 6 años, todo absolutamente todo colocado a su altura que hace sentirse como en un pequeño mundo en miniatura en el que los niños son totalmente autónomos y son totalmente dueños de sus propios actos.
  3. Una zona de comedor acogedora y una alimentación sana: Esto parece una tontería, pero no lo es. Cuando visité otros colegios, me angustiaba al entrar en los comedores. Esos tan enormes, llenos de bandejas de esas plateadas que parecen del ejército… Me aterrorizaba. Yo he asistido a esos comedores y además de ser una literal “locura”, la comida era pésima. En este cole el comedor está pensado para los niños, los cuales intervienen en la colocación de la mesa, con platos, vasos y cubiertos (lo que viene siendo una vajilla normal, vaya) y hasta colocan unos jarroncitos con flores en el centro de las mesas. Nunca les obligan a comer y TODO el menú está realizado en el mismo colegio con productos orgánicos y naturales. Incluso en ocasiones hacen su propio pan. Tienen una zona de fruta y tentempiés (siempre saludables) en las que dejan los alimentos a disposición de los niños. Ellos eligen cuando comer, cómo hacerlo y elegir la cantidad. Hay una mesa con tres sillas para la zona “almuerzo” y los niños deben colocarse unas tarjetas al cuello cuando quieren sentarse a comer. Sólo hay tres sillas así que si están ocupadas tienen que esperar su turno y comer cuando alguien se levante y deje su tarjeta de frutas. Observar como respetan al resto de usuarios, en silencio y con paciencia, es absolutamente maravilloso. Cuando terminan de comer, enjuagan su plato en agua y lo dejan en el escurridor. Y siguen trabajando.
  4. No imponer a los niños cosas que no quieren hacer y despertar sus verdaderas pasiones: Esta es una de las razones principales de mi amor por este método. El hecho de que el niño busque y haga lo que desea en todo momento, siempre acompañado por las guías, despertando sus verdaderas pasiones y el propio interés por las cosas, respetando sus periodos sensibles y su aprendizaje. Potenciar las áreas en las que los niños son mejores y dejarles hacer. No interferir en sus gustos, en sus decisiones y en sus intereses. Por supuesto, las guías conocen tan bien a los niños, que les muestran aquellas actividades que ellos no realizan por si mismos por si pueden despertar su interés.
  5. La importancia del orden, el respeto, la disciplina y la tranquilidad: Aunque muchos se crean que el método montessori es “libertad total y desmadre”, os aseguro que observar un día de trabajo en el colegio es absolutamente sorprendente. Los niños trabajan prácticamente en silencio, sin correr por el interior de la casa, ni por supuesto gritar. Trabajan cada uno en su lugar, de forma individual o en grupos muy muy reducidos, algunos están con las guías pero otros están solos, realizando su trabajo de una forma totalmente autónoma, equivocándose y corrigiéndolo automáticamente, y con una concentración absolutamente pasmosa. Las normas de la clase son pocas, pero claras y de obligado cumplimiento. Me encanta una de ellas que es; se juega en el patio, en clase se trabaja. Y lo llaman trabajar, tal cual, porque afirman que esa palabra da valor a lo que están haciendo. El respeto es algo que se fomenta desde muy pequeños, la colaboración entre ellos así como el ser parte de la comunidad y involucrarlos en la aportación a la misma. Los niños mayores aportan sus conocimientos a los pequeños (como sabéis los niños de una escuela montessori están todos juntos), les ayudan, e incluso están pendientes de ellos si se caen o lloran y avisan a las guías si éstas no se han dado cuenta previamente.
  6. Aprender de una forma dinámica, práctica y sensorial ¡y no tener ni libros ni deberes!; siempre he defendido esto como algo  indispensable para que el aprendizaje sea efectivo. Algo que memorizas de un libro y escupes en un examen no genera ningún sentimiento en el individuo y por tanto termina por olvidarse. Mi hija no sabe reconocer un 100 escrito, pero sabe qué es una centena y sabe que está compuesto por 10 decenas y por 100 unidades, porque ella manipula esas unidades, las observa, las toca, y puede sentirlas. 100 como concepto “abstracto” no tiene sentido para ellos. Ella sabe que un millar es un cubo lleno de bolitas de colores que son a su vez, unidades. Es la forma más maravillosa de aprender, sin ninguna duda. Mi hija tiene fijación con las matemáticas y por suerte, este colegio le permite dar rienda suelta a ese aprendizaje matemático, que para una niña de 4 años es asombroso. Creo que la parte de no tener libros, y deberes, no merece ni explicación, sobre todo, la segunda opción. El primer día de cole, la directora dejó claro que el trabajo en el aula es suficiente y las tardes deben ser para el disfrute familiar. (Amén)
  7. Enseñar no solo la parte académica sino una parte de la vida diaria; esto es algo que las escuelas tradicionales se olvidan e incluso ven como “ofensa”. Tengo claro que muchas familias pondrían el grito en el cielo si supiesen que sus hijos limpian su propio colegio. Por alguna extraña razón la gente se piensa que “la limpieza” si no es en tu casa, no es una responsabilidad. En la metodología montessori, existe una parte importante de ésta que se llama vida práctica y se dedican a limpiar lo que se ensucia, a ordenar y colocarlo todo. Les enseñan a doblar, a cepillar, a barrer, y bueno, en resumen a TODO lo que se debe aportar a la comunidad en la que vives y a mejorar la convivencia.
  8. La aplicación de la disciplina positiva; en esta parte, es donde te enamoras ya perdidamente de un cole así. La forma en que tratan a los niños, la forma en que les hablan, el respeto que les tienen y les profesan. Solucionan y enseñan a solucionar conflictos con disciplina positiva, siempre desde el respeto a los demás e incluso desde la auto observación del niño. Les hacen ver que algunas cosas que sienten son dolorosas pero hay que afrontarlas. Si unos niños no quieren jugar con otro en el patio y éste llora, le ayudan a identificar su sentimiento, a afrontarlo y las herramientas para o bien conseguir finalmente jugar, o hacer otra cosa que también pueda hacerle feliz. Es fascinante. Y les envidio porque a veces yo eso no se conseguirlo para mi hija (me queda mucho por aprender de este cole).
  9. Un ratio de profesor/alumno aceptable; aquí no solo es aceptable sino que es, increíble. Se encuentran a un ratio de 5 niños por profe, así que, no puedo estar más contenta al respecto. Este ratio es posible en una escuela Montessori porque los niños no necesitan de la presencia continua de la profesora (en este caso, guía) por lo que los niños trabajan solos en algunas ocasiones mientras las guías hacen presentaciones o apoyan a otros niños que lo necesitan. La atención es constante pero muchas veces no intervienen en los trabajos individuales.
  10. Invitan a que los niños se vistan por si mismos no importando cómo lleguen vestidos y obligar a que tengan botas de agua y chubasquero en el cole: Esto es bastante gracioso, porque la entrada al cole es como una pasarela a cualquier desfile de moda internacional. Es absolutamente genial ver los modelitos que cada niño elige por las mañanas y lo orgullosos que los lucen. Después sales hechos un trapo, sucios por haber jugado mucho, pero eso, no le importa a nadie. Además, tenemos los papis “obligación” de llevarles unas botas de agua y unos chubasqueros ya que el patio no se cancela aunque llueva. (Si llueve demasiado y el patio se hace impracticable obviamente si) y les permiten saltar en los charcos, jugar con barro y disfrutar de la lluvia.

Os aseguro que me muero de la envidia cada día, por no haber podido asistir yo a un colegio como éste. Por no haber tenido la oportunidad de recibir este tipo de educación. En serio que es, fascinante. Os recomiendo que aunque sea, visitéis algún cole así y sintáis por un momento todo esto que os estoy contando en primera persona. Os vais a enamorar, no tengo duda. Aunque, os confesaré algo y creo, sinceramente, que este tipo de metodología no es para cualquier familia. Hay que tener un concepto de la educación y la formación de la persona muy abierto y muy amplio y desligarse de las creencias tradicionales y normalmente institucionalizadas. Mi hija quizás no empiece a leer a la misma edad que otros que van a la escuela pública, pero quizás es que no es su momento y éste se ha respetado sobre todas las cosas. Esto yo lo comprendo y lo asumo, pero hay gente que no. Estamos haciéndoles correr demasiado a los niños, únicamente por nuestro propio interés, creando máquinas y moldeándolas para el futuro y que para que sean LOS MEJORES. Hace días que abandoné esa filosofía (concretamente, el día que nació mi hija) y únicamente quiero que en su cole, le enseñen a ser FELIZ.

 

 

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